Hoy pensé que lo volvía a ver. Me crucé con una persona tan parecida, que el tiempo se volvió más lento y los latidos más rápidos.Venía caminando con una mochila que sobrepasaba su estatura, una gorra y la característica barba. Pero, cuando me pasó por al lado, me di cuenta que sus ojos no eran tan perfectamente azules, ni su boca dibujaba una agradable e inconsciente mueca, ni sus pestañas te atrapaban sin siquiera intentarlo. No era él. Estaba segura. Y todo eso que había sentido en un segundo, toda esa adrenalina, esa falta de aire y esa ilusión, desaparecieron tan rápido como llegaron. Me quedé tildada, no sabía qué hacer. Había estado tan segura que era él, que mi cuerpo ya se anticipaba y estaba sintiendo su apretujado abrazo. Y ahora, esa sensación de vacío, de desconcierto. ¿Qué hago? ¿Por qué no era él? ¿Cuándo lo voy a volver a ver? Lo necesito. O creo que lo necesito, o quiero creer que lo necesito, pero tengo que verlo. Tengo que encontrarlo. ¿Cuándo va a ser ese día? Cambiaría todo el tiempo del mundo, por un segundo con él.
Subí tan rápido a la cima, que la caída fue catastrófica.