21 julio, 2015

La vuelta.

El día no me deja fingir que nada que ver. Me está avisando despacito, casi imperceptiblemente, que vas a volver. Generalmente me enamoran los días grises, pero hoy pareciera que el cielo está somatizando. Y que cuando llegues todo va a ser bonito. No se cansan de avisármelo: la llovizna, el feriado, River, el mate lavado y frío. Quiero mirar para cualquier otro lado pero ni siquiera eso: en todas partes estás vos. Estás como flotando, como a la espera de que baje la guardia y ahí aparecés de repente.

Ya sé que llegás mañana. Eso también me lo avisaron todos. Me hago la que no me importa pero por dentro me muero y vuelvo a vivir otra vez. Todo este tiempo sin vos se sintió como en cámara lenta, o como si yo estuviera en stop y el mundo se siguiera moviendo. Al mundo siempre le chupé un huevo yo, pero esta vez fue distinto, esta vez el mundo me ignoraba descaradamente. Me hacía abandono de persona y yo me dejaba abandonar. Seguía andando y haciendo pero no entendía bien por o para qué. Y ahora que volvés, o que estás volviendo, se aceleró el mundo de nuevo. Y no sé cómo ponerle un freno, no quiero hacer marcha atrás o mirar por el espejo retrovisor. Quiero prender el limpiaparabrisas y vivir así, alejando lo que me obstruye corazón. Y vos hace mucho que bajaste la ventanilla y me tiraste a la calle.

Capaz por eso este día te trae a vos: porque me muero de frío en la calle, y estoy esperando que alguien me pase a buscar.