El día no me deja fingir que nada
que ver. Me está avisando despacito, casi imperceptiblemente, que vas a volver.
Generalmente me enamoran los días grises, pero hoy pareciera que el cielo está
somatizando. Y que cuando llegues todo va a ser bonito. No se cansan de
avisármelo: la llovizna, el feriado, River, el mate lavado y frío. Quiero mirar
para cualquier otro lado pero ni siquiera eso: en todas partes estás vos. Estás
como flotando, como a la espera de que baje la guardia y ahí aparecés de
repente.
Ya sé que llegás mañana. Eso
también me lo avisaron todos. Me hago la que no me importa pero por dentro me
muero y vuelvo a vivir otra vez. Todo este tiempo sin vos se sintió como en
cámara lenta, o como si yo estuviera en stop
y el mundo se siguiera moviendo. Al mundo siempre le chupé un huevo yo, pero esta vez fue distinto, esta vez el mundo me ignoraba descaradamente. Me hacía abandono de
persona y yo me dejaba abandonar. Seguía andando y haciendo pero no entendía
bien por o para qué. Y ahora que volvés, o que estás volviendo, se aceleró el
mundo de nuevo. Y no sé cómo ponerle un freno, no quiero hacer marcha atrás o
mirar por el espejo retrovisor. Quiero prender el limpiaparabrisas y vivir así,
alejando lo que me obstruye corazón. Y vos hace mucho que bajaste la
ventanilla y me tiraste a la calle.
Capaz por eso este día te trae a
vos: porque me muero de frío en la calle, y estoy esperando que alguien me pase
a buscar.